Mi lazo invisible

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Mi lazo invisible

Por Rosalina Márquez.- Líder de la Liga de La Leche México

 

Carolina nació el 27 de Septiembre a la 1:16 a.m., a las 34 semanas de gestación pesando 2.200 Kg., considerada por la OMS como prematura y de bajo peso al nacer. Inmediatamente la pusieron sobre mi vientre, cuando el cordón umbilical dejó de latir mi esposo lo cortó, cortó ese lazo que nos tenía unidas físicamente, pero seguimos unidas piel con piel varios días, sin embargo existe entre nosotras un lazo invisible que nunca se va a romper. Yo estaba feliz de tener a Carolina en mis brazos, sobre todo después de haber tenido un embarazo delicado, pero también me sentía intranquila porque Carolina respiraba agitadamente, era prematura y tenía bajo peso.

Poco a poco la respiración de Carolina se regularizó y aproximadamente 3 horas después del alumbramiento se prendió a mi pecho y succionó sin problema, fue cuando el neonatólogo me dijo que no era necesario recurrir a intervenciones médicas mayores, me dijo que Carolina necesitaba incubadora, pero que había otra alternativa y me mencionó el método madre canguro, método que yo conocí por medio de Lulú Ortíz, Líder de la Liga de La Leche, pero que nunca pensé que yo tendría la oportunidad de aplicarlo y vivir esa maravillosa experiencia.

Carolina permaneció pegada a mi pecho, solo traía puesto un pañal y un gorrito, mientras yo tenía con mi torso desnudo; cuando amaneció, le dieron la noticia a Moisés de que había nacido su hermana, fue a conocerla y después mi mamá se lo llevó unos días a su casa, pero a diario venían a visitarnos y a traernos (a mi esposo y a mí) comida preparada. Moisés la veía y me preguntaba cuando podría jugar fútbol con ella.

Así pasaron 7 días, Carolina y yo permanecimos piel con piel, sólo nos separábamos cuando yo tomaba un baño, en esos momentos Pepe tomaba mi lugar y se convertía en “papá canguro”; Carolina evolucionó satisfactoriamente, los primeros días, permanecía muy tranquila sobre mi pecho, pero frecuentemente me buscaba el pezón, succionaba tranquila y con suavidad, y volvía a dormir, a pesar de estar desnuda, mantenía su temperatura corporal óptima y a los 15 días de nacida aumentó 500 gramos de peso, pesaba 2.700 Kg. Poco a poco fue disminuyendo el tiempo que Carolina y yo permanecíamos unidas físicamente.

Fue una experiencia de vida maravillosa, Carolina necesitaba incubadora y yo le dí calor, Carolina necesitaba el mejor alimento y le dí leche materna, Carolina necesitaba escucharme, olerme, sentirme como cuando estaba en mi vientre y el tiempo de gestación que le hizo falta dentro de mi vientre lo pasó pegada a mi. Fue una gran experiencia no sólo para Carolina y para mí, fue una experiencia para Pepe y para su hermano Moisés también.

 

Infórmate, pide ayuda y procura tener tu red de apoyo bien fuerte. Haciendo equipo, todos juntos las cosas sí pueden salir como las planeaste…

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